Capítulo 2
COHERENCIA EN LA FE Y APARIENCIAS (2,1-26)
1 Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas.
2 Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y entra también un pobre con traje mugriento;
3 si vosotros atendéis al que lleva el traje de lujo y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de pie» o «siéntate en el suelo, a mis pies»,
4 ¿no estáis haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?
5 Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
6 Vosotros, en cambio, habéis ultrajado al pobre. ¿No son los ricos los que os oprimen e incluso os arrastran a los tribunales?
7 ¿No son ellos los que injurian el hermoso Nombre que ha sido invocado sobre vosotros?
8 Si cumplís la que, según la Escritura, es la ley regia: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», hacéis bien;
9 pero si establecéis diferencias entre las personas, cometéis pecado y esa ley os acusa como transgresores.
10 Pues quien observa toda la ley, pero falla en un solo precepto, se hace responsable de todos.
11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, dijo también: No matarás; por tanto, si no cometes adulterio, pero matas, te haces transgresor de la ley.
12 Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad,
13 pues el juicio será sin misericordia para quien no practicó la misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio.
Fe y obras
14 ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?
15 Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario
16 y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?
17 Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro.
18 Pero alguno dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».
19 Tú crees que hay un solo Dios. Haces bien. Hasta los demonios lo creen y tiemblan.
20 ¿Quieres enterarte, insensato, de que la fe sin las obras es inútil?
21 Abrahán, nuestro padre, ¿no fue justificado por sus obras al ofrecer a Isaac, su hijo, sobre el altar?
22 Ya ves que la fe concurría con sus obras y que esa fe, por las obras, logró la perfección.
23 Así se cumplió la Escritura que dice: Abrahán creyó a Dios y eso le fue contado como justicia y fue llamado «amigo de Dios».
24 Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe.
25 Del mismo modo también Rajab, la prostituta, ¿no fue justificada por sus obras al acoger a los mensajeros y hacerlos salir por otro camino?
26 Pues lo mismo que el cuerpo sin aliento está muerto, así también la fe sin obras está muerta.