Capítulo 3
COHERENCIA EN CUESTIONES CONCRETAS (3,1-4,10) · Necesidad de controlar la lengua
1 No os constituyáis muchos en maestros, hermanos míos, pues sabemos que nosotros recibiremos una sentencia más severa,
2 porque todos faltamos a menudo. Si alguien no falta en el hablar, ese es un hombre perfecto, capaz de controlar también todo su cuerpo.
3 A los caballos les metemos el freno en la boca para que ellos nos obedezcan, y así dirigimos a todo el animal.
4 Fijaos también que los barcos, siendo tan grandes e impulsados por vientos tan recios, se dirigen con un timón pequeñísimo por donde el piloto quiere navegar.
5 Lo mismo pasa con la lengua: es un órgano pequeño, pero alardea de grandezas. Mirad, una chispa insignificante puede incendiar todo un bosque.
6 También la lengua es fuego, un mundo de iniquidad; entre nuestros miembros, la lengua es la que contamina a la persona entera y va quemando el curso de la existencia, pero ella es quemada, a su vez, por la gehenna.
7 Pues toda clase de fieras y pájaros, de reptiles y bestias marinas pueden ser domadas y de hecho lo han sido por el hombre.
8 En cambio, la lengua nadie puede domarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal.
9 Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios.
10 De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos.
11 ¿Acaso da una fuente agua dulce y amarga por el mismo caño?
12 ¿Es que puede una higuera, hermanos míos, dar aceitunas o una parra higos? Pues tampoco un manantial salobre puede dar agua dulce.
La sabiduría frente a la ambición
13 ¿Quién de vosotros es sabio y experto? Que muestre sus obras como fruto de la buena conducta, con la delicadeza propia de la sabiduría.
14 Pero si en vuestro corazón tenéis envidia amarga y rivalidad, no presumáis, mintiendo contra la verdad.
15 Esa no es la sabiduría que baja de lo alto, sino la terrena, animal y diabólica.
16 Pues donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.
17 En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera.
18 El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.