✦ Biblia

Salmos

Capítulo 35

Oración ante los testigos falsos

1 De David. Pelea, Señor, contra los que me atacan, guerrea contra los que me hacen guerra;

2 empuña el escudo y la adarga, levántate y ven en mi auxilio;

3 blande la lanza y la pica contra mis perseguidores; di a mi alma: «Yo soy tu salvación».

4 Sean confundidos y avergonzados los que atentan contra mi vida; retrocedan y sean humillados quienes traman mi derrota;

5 sean como tamo al viento, acosados por el ángel del Señor;

6 sea su camino oscuro y resbaladizo, perseguidos por el ángel del Señor.

7 Pues sin motivo me escondían redes, sin motivo me abrían zanjas mortales.

8 ¡Que les sorprenda el desastre imprevisto, que se enreden en la red que escondieron, y caigan dentro de la fosa!

9 Y yo me alegraré con el Señor, gozando de su salvación;

10 todo mi ser proclamará: «Señor, ¿quién como tú, que defiendes al débil del poderoso, al pobre y humilde del explotador?».

11 Se presentaban testigos violentos: me acusaban de cosas que ni sabía,

12 me pagaban mal por bien, dejándome desamparado.

13 Yo, en cambio, cuando estaban enfermos, me vestía de saco, me mortificaba con ayunos y desde dentro repetía mi oración.

14 Como por un amigo o por un hermano, andaba triste; cabizbajo y sombrío, como quien llora a su madre.

15 Pero, cuando yo tropecé, se alegraron, se juntaron contra mí y me golpearon por sorpresa; me laceraban sin cesar.

16 Cruelmente se burlaban de mí, rechinando los dientes de odio.

17 Señor, ¿cuándo vas a mirarlo? Defiende mi vida de los que rugen; mi único bien, de los leones,

18 y te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre la multitud del pueblo.

19 Que no canten victoria mis enemigos traidores, que no hagan guiños a mi costa los que me odian sin razón.

20 Pues no hablan de paz, y contra los pacíficos de la tierra traman planes siniestros.

21 Abren sus fauces contra mí y se ríen: «Lo han visto nuestros ojos».

22 Señor, tú lo has visto, no te calles; Señor, no te quedes a distancia;

23 despierta, levántate, Dios mío; Señor mío, defiende mi causa.

24 Júzgame según tu justicia, Señor, Dios mío, y no se reirán de mí.

25 No pensarán: «¡Qué bien! ¡Lo que queríamos!», ni dirán: «¡Lo hemos devorado!».

26 Sean avergonzados y confundidos a una los que se alegran de mi desgracia, cúbranse de vergüenza y de ignominia quienes se engríen a mi costa.

27 Canten y se alegren los que desean mi justicia, repitan siempre: «Grande es el Señor, que desea la paz de su siervo».

28 Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabará.