✦ Biblia

Salmos

Capítulo 44

Elegía nacional

1 Al Director. Poema de los hijos de Coré.

2 Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron, nuestros padres nos lo han contado: la obra que realizaste en sus días, en los años remotos.

3 Tú mismo con tu mano desposeíste a los gentiles, y los plantaste a ellos; trituraste a las naciones, y los hiciste crecer a ellos.

4 Porque no fue su espada la que ocupó la tierra, ni su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro, porque tú los amabas.

5 Mi rey y mi Dios eres tú, que das la victoria a Jacob:

6 con tu auxilio embestimos al enemigo, en tu nombre pisoteamos al agresor.

7 Pues yo no confío en mi arco, ni mi espada me da la victoria;

8 tú nos das la victoria sobre el enemigo y derrotas a nuestros adversarios.

9 Dios ha sido siempre nuestro orgullo, y siempre damos gracias a tu nombre. (Pausa)

10 Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas, y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:

11 nos haces retroceder ante el enemigo, y nuestro adversario nos saquea.

12 Nos entregas como ovejas de matanza y nos has dispersado por las naciones.

13 Vendes a tu pueblo por nada y no te enriqueces con su precio.

14 Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean;

15 nos has hecho el refrán de los gentiles, nos hacen muecas las naciones.

16 Tengo siempre delante mi deshonra, y la vergüenza me cubre la cara

17 al oír insultos e injurias, al ver a mi rival y a mi enemigo.

18 Todo esto nos viene encima, sin haberte olvidado ni haber violado tu alianza,

19 sin que se volviera atrás nuestro corazón ni se desviaran de tu camino nuestros pasos.

20 Y tú nos arrojaste a un lugar de chacales y nos cubriste de tinieblas.

21 Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios y extendido las manos a un dios extraño,

22 el Señor lo habría averiguado, pues él penetra los secretos del corazón.

23 Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.

24 Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más.

25 ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?

26 Nuestra alma se hunde en el polvo, nuestro vientre está pegado al suelo.

27 Levántate a socorrernos, redímenos por tu misericordia.