Capítulo 19
EN JERUSALÉN Y DISCURSO ESCATOLÓGICO (19-25) · El camino hacia Jerusalén
1 Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
2 Lo seguía una gran multitud y él los curaba allí.
Matrimonio y divorcio
3 Se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».
4 Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer,
5 y dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne?
6 De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
7 Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?». Él les contestó:
8 «Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así.
9 Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer –no hablo de unión ilegítima– y se casa con otra, comete adulterio».
10 Los discípulos le replicaron: «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».
11 Pero él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don.
12 Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».
Jesús y los niños
13 Entonces le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase, pero los discípulos los regañaban.
14 Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos».
15 Les impuso las manos y se marchó de allí.
El joven rico
16 Se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?».
17 Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos».
18 Él le preguntó: «¿Cuáles?». Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,
19 honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo».
20 El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».
21 Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego ven y sígueme».
22 Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico.
23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
24 Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
25 Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
26 Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
27 Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
28 Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
29 Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
La parábola de la viña
30 Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros.