✦ Biblia

Mateo

Capítulo 20

1 Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.

2 Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

3 Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo

4 y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.

5 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

6 Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.

7 Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.

8 Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

9 Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

10 Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.

11 Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:

12 “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

13 Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario?

14 Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.

15 ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Tercer anuncio de la muerte y resurrección

17 Mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:

18 «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte

19 y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Petición de la madre de los Zebedeos

20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

21 Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

22 Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos».

23 Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

24 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos.

25 Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.

26 No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor,

27 y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

28 Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Los dos ciegos de Jericó

29 Y al salir de Jericó le siguió una gran muchedumbre.

30 Dos ciegos que estaban sentados al borde del camino oyeron que Jesús pasaba y se pusieron a gritar: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!».

31 La muchedumbre los increpó para que se callaran, pero ellos gritaban más fuerte: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!».

32 Entonces Jesús se detuvo, los llamó y les dijo: «¿Qué queréis que os haga?».

33 Le respondieron: «Señor, que se abran nuestros ojos».

34 Compadecido, Jesús les tocó los ojos, y al punto recobraron la vista y lo siguieron.