✦ Biblia

Mateo

Capítulo 9

Curación de un paralítico

1 Subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.

2 En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados».

3 Algunos de los escribas se dijeron: «Este blasfema».

4 Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

5 ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”?

6 Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados –entonces dice al paralítico–: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”».

7 Se puso en pie y se fue a su casa.

8 Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Vocación de Mateo y comida en su casa

9 Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.

10 Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.

11 Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».

12 Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.

13 Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

Discusión sobre el ayuno

14 Los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».

15 Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.

16 Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.

17 Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».

La hemorroísa y la hija de un personaje notable

18 Mientras les decía esto, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».

19 Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.

20 Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto,

21 pensando que con solo tocarle el manto se curaría.

22 Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». Y en aquel momento quedó curada la mujer.

23 Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente,

24 dijo: «¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él.

25 Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó.

26 La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Curación de dos ciegos

27 Cuando Jesús salía de allí, dos ciegos lo seguían gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David».

28 Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?». Contestaron: «Sí, Señor».

29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe».

30 Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!».

31 Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

Reacción ante las obras de Jesús

32 Estaban ellos todavía saliendo cuando le llevaron a Jesús un endemoniado mudo.

33 Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual».

34 En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».

35 Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.

36 Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos;

38 rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».